El tabaco es nocivo para la salud en cualquier etapa de la vida. Sus riesgos pueden llevar a contraer diferentes enfermedades que van desde aumentar el riesgo de padecer cáncer pulmonar, de laringe, órganos digestivos y aparato urinario, hasta una fatal bronquitis, e incluso sufrir un infarto.
La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), asegura que uno de los grupos más afectados por el tabaco son los ancianos, causándole la muerte después de sufrir una enfermedad como cáncer de pulmón, bronquitis crónica, enfermedades cardiovasculares, entre otras.
Incluso se puede decir que el tabaco multiplica por dos el riesgo de padecer depresión en personas mayores de 65 años, conclusión a la que llegó un estudio británico dirigido por el español Jorge Cervilla, profesor asociado de Psiquiatría en el Kings College de Londres.
No es para menos, ya que en la ancianidad se sufren diferentes cambios que afectan al sistema inmunológico y es por ello que se recomienda a los fumadores dejarlo poco a poco, pues, aunque se piense lo contrario, dejar de fumar a cualquier edad produce grandes beneficios y mejora la calidad de vida, en especial, de los ancianos. Y, aunque ninguna investigación ha comprobado si los ancianos tienen mayor o menor éxito que los jóvenes en dejar el tabaco, está claro que los mejores resultados se obtienen espontáneamente sin necesidad de participar en programas de ayuda, según Robin Jacoby, Catherine Oppenheimer en su libro: “Autor Robin Jacoby, Catherine Oppenheimer.
En los 80 se iniciaron diferentes investigaciones que aseguraban que el tabaco protegía a los ancianos de sufrir demencia de tipo alzhehimer y de tipo general, estos estudios, aseguran Robyn Jacoby y Catherine Oppenheimer, no pueden ser confiables ya que eran pequeñas investigaciones que con el tiempo han sido desmentidas.
Dejar de fumar se puede conseguir a través de diferentes pautas de comportamiento, pero no hay duda que es una cuestión de voluntad.