Muchas familias deben asumir la
condición de un paciente con cáncer. El temor
por la pérdida de un ser querido se hace más expreso al dar cuenta del deterioro físico que puede
presentar un paciente cuando enfrenta algún tipo de cambio neoplásico en su organismo.
No obstante, la enfermedad parece más tortuosa cuando los
dolores aparecen como uno de los síntomas
que pueden llegar a minar los ánimos del enfermo.
En la actualidad y de acuerdo a
tratados internacionales todo paciente
con dolor deber ser tratado en una institución especializada para el manejo
adecuado del mismo. Es allí donde los médicos expertos administraran cierto tipo de medicamentos a
fin de que quien sufre de dolor, pueda hacer más llevadera esta condición.
Con respecto a este tema, el doctor
Omar Gómez especialista de la clínica del dolor en Bucaramanga, menciona que de
acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS) existe una cadena
analgésica la cual permite usar el medicamento adecuado para cada tipo de dolor
o intensidad del mismo.
Sin embargo, existen temores cuando
se trata de administrar placebos para mermar
el sufrimiento causado por una enfermedad crónica que muchas veces
impiden que una persona se trate para evitar sentir dolencia de algún tipo.
Existe una línea denominada de
opiodes débiles entre los cuales se halla la morfina. Es allí, cuando los
enfermos de cáncer u otro tipo de patología establecen barreras de
interrogantes que muchas veces entorpecen el tratamiento de la enfermedad.
“La mayoría de personas cuando uno está frente al paciente y
habla de la palabra morfina o un primo hermano de morfina, le abre los ojos
grandísimos y dice: ¿Uy doctor me va a formular morfina? Y entra en pánico toda
la familia y el paciente”, menciona Omar Gómez al referirse a ésta situación
como el primer tipo de pánico y la relación que establece el enfermo o el
familiar del mismo con la cercanía a la muerte: “si el doctor me da morfina, es
que me voy a morir”.
Pero la realidad es distinta de acuerdo con el experto en
tratamiento del dolor. “No es cierto. La morfina no va ni a matar ni a salvar a
nadie, va a aliviar un dolor. Tenemos cientos de pacientes que reciben morfina,
sin que eso signifique que es la última etapa de su vida”.
Otro de los miedos es el de volverse adicto a la morfina. “Uy
doctor, me voy a volver adicto o mi abuelito se va a volver adicto”. A lo que
Omar explica: “esto es completamente falso. Las personas que se vuelven adictas
son las que utilizan la morfina cuando no tienen dolor”.
Aunado a ello, la clínica del dolor hizo una prueba en un
número aproximado de 5 mil pacientes y al revisar el porcentaje de adicción, se
encontró que ninguno de los tratados con dicho opiode se había vuelto adicto.
El tercer ítem de pánico va ligado a la aprensión que si
luego de recibir morfina y la enfermedad y con ella el dolor, éste va a ser
resistente a la droga.
“La verdad que hoy en día hay drogas mucho más potentes que
la morfina. La metadona es 6 veces más potente. EL remifentanil es un millón de
veces más potente que la morfina. Y si decidimos que no nos funcionan los
medicamentos, optamos por otros procedimientos como colocación de catéteres,
radiofrecuencias, implantes de estimuladores,
bombas implantables, entre otras”, señala el galeno.
Agrega además que la morfina no tiene un tope máximo y más
aún en pacientes con cáncer se puede subir la dosis hasta que el dolor
disminuya, sin la prevención de qué ello va a crear adicción o va a reducir al
enfermo a un estado vegetativo.
Existe otro
mito y es el creer que la morfina produce infartos.” La morfina no produce
infarto, es una de las drogas que más se usan para quitar el dolor del
infarto”, explica el doctor Gómez
También es importante tener claro que si la morfina produce
nausea o vómito, hay varias posibilidades entre ellas cambiar a otro
medicamento o usar uno específico para contrarrestar el vómito. Por ello, ante cualquier reacción por mínima
que sea es imprescindible que la comente con su médico de cabecera para que él
esté al tanto de cómo opera la droga en el organismo del paciente.
Como dato importante se tiene que el 50 por ciento de los
colombianos ha tenido un tipo de dolor en el último mes. Uno de cada dos
colombianos ha tenido algún dolor y se ha auto formulado el 80 por ciento,
cuando “lo ideal es que se evalúe cuál es la causa del dolor.
Éste aparece para avisar que algo malo está pasando en el cuerpo. Si yo trato
de averiguar cuál es la causa del dolor, es posible que logre detectar a tiempo
para hallar la solución”.
Por último recuerde que la mayoría de
clínicas de dolor deben estar en la capacidad de tratar cualquier tipo de dolor
y que de acuerdo a organizaciones como la Human Rights Watch; “muchos países no
reconocen el cuidado paliativo y el tratamiento del dolor como prioridades en
la atención de salud, carecen de políticas pertinentes, nunca han evaluado la
necesidad del tratamiento para el dolor ni examinado cuán adecuadamente se
satisface esa necesidad; tampoco han analizado las barreras a dicho
tratamiento”. Tomado de http://hrw.org/spanish/docs/2008/10/10/global19951.htm
el día 01 de noviembre de 2008
Así mismo y luego de celebrar el día mundial
del cuidado paliativo (11 de octubre), resaltan que los gobiernos están en la
obligación de actuar en procura de detener el sufrimiento de millones de
personas que padecen enfermedades como cáncer o sida.