Paralelo a los cambios psicológicos que se dan con el tiempo, también se presentan los cambios en el área social. La posición que ocupa el individuo en la sociedad cambia a lo largo de su vida y está determinada por la función que realiza en ella. El trabajo es uno de los grupos de contacto más importantes para una persona, el retiro de la vida laboral trae cambios importantes ocasionando problemas de adaptación a la nueva situación. En muchos países se considera la jubilación como un símbolo de entrada en la vejez, sus repercusiones varían en cada caso. La jubilación para muchas personas no genera una crisis ya que depende de aspectos como el económico y la salud. Hay quienes presentan igual o mayor satisfacción después del retiro que antes de él.
Las personas mayores no tienen menos intereses y deseos de contacto, sino que, generalmente, estos son limitados por la sociedad que asigna un conjunto de normas de conducta para cada grupo de personas. La actitud hacia el anciano ha reflejado, en todas las épocas del desarrollo de la sociedad humana, el carácter de las relaciones sociales. En la actualidad se observa un proceso de fortalecimiento de la autoestima de la persona en edad avanzada.
Actitud positiva Si la persona anciana siente como algo positivo pertenecer a la vieja generación y ha desarrollado una actitud positiva hacia la vejez, sus intereses y actividades se realizarán adecuadamente y aumentará la satisfacción ante la vida. Para que esto sea posible la sociedad debe respetar la vejez y al anciano.
El grupo más importante junto al grupo de trabajo es la familia, la intimidad de sus relaciones hace que el anciano se sienta protegido socialmente. El sentimiento de unión fortalece su autoestima y más cuando las relaciones con familiares y conocidos disminuye, algunas veces, durante vejez, reduciendo su círculo de amigos y su contacto con ellos.
Cuando se presentan los cambiosPor lo general la enfermedad implica una limitación de las funciones y deberes normales del ser humano, limita las relaciones con su medio, las manifestaciones de la personalidad, las sensaciones y la exteriorización de la conducta. Cuando el anciano va al médico busca no sólo tratamiento sino consuelo, que le den nuevos ánimos para seguir viviendo.
En el anciano a veces se presentan ciertos cambios que pasan inadvertidos para él y sus familiares. Se producen cambios de carácter, irritabilidad, insomnio, indiferencia o agresividad, trastornos de la memoria reciente, entre otros. Estos cambios no se descubren o no se les da importancia y un día estalla la enfermedad que se venía desarrollando silenciosamente. Aparecen el fabulismo (invención de historias); alucinaciones visuales o auditivas; desórdenes alimenticios, sexuales y en la vestimenta.
La relación con los ancianos puede producir en las personas que los rodean reflexiones sobre la transitoriedad de la vida y lo pasajero de muchos valores sociales; sentimientos que si son asumidos darán lugar a una relación más enriquecedora para ambos. Conocer la actitud frente a la vida, a la vejez y a la muerte que poseen las personas de tercera edad es entenderlas con sus capacidades, limitaciones, ilusiones y frustraciones para así ayudarlas en su camino.