Este valor se construye día a día, no se nace con él. Requiere de una capacidad intelectual que permita aprender a dominar pensamientos de desaliento, fracaso y tristeza; y una voluntad que ayude a enfrentar las dificultades y los momentos más empinados de alcanzar o los abismos que parecen aniquilarnos.
El optimismo es una virtud que hay que cultivar con tenacidad frente a varios peligros como el falso realismo o el derrotismo, que es la valoración exagerada y poco esperanzada de los fallos propios o ajenos, que llega a la conclusión de que "no hay nada que hacer, y si lo hacemos, saldrá mal".
El pedagogo David Isaacs define esta virtud así: “confía, razonablemente, en sus propias posibilidades, y en la ayuda que le pueden prestar los demás, y confía en las posibilidades de los demás, de tal modo que, en cualquier situación, distingue, en primer lugar, lo que es positivo en si y las posibilidades de mejora que existen y, a continuación, las dificultades que se oponen a esa mejora, y los, obstáculos, aprovechando lo que se puede y afrontando lo demás con deportividad y alegría”.
El optimismo se basa en la confianza
Confiar razonablemente supone conocer las cualidades y capacidades propias y las cualidades y posibilidades de los demás.
La intensidad de vivir con optimismo depende de la capacidad de la persona de distinguir lo que es positivo en situaciones difíciles. Cuando la persona no puede seguir confiando en si misma, forzosamente tiene que buscar ayuda para seguir siendo optimista o dejar de serlo.
En la adolescencia si el hijo se ha acostumbrado a desconfiar, eso hará difícil la posibilidad de mejorar. De todas maneras si el adolescente se siente querido tiene una motivación inicial para comenzar a desarrollar esta virtud. El adolescente que de momento es pesimista puede comenzar un camino nuevo hacia el optimismo en cualquier momento si nota que alguien le quiere o que alguien necesita de su amor.
Cuando se entra al pesimismo es importante identificar la dificultad real en la situación a resolver o la dificultad interna de la persona para enfocar la situación adecuadamente.
El optimismo se basa en la realidad
La persona realista ve todos los aspectos de la situación (positivos y negativos) y luego los tiene en cuenta para tomar decisiones. El optimista ve más allá de los datos y se centra en lo positivo, en las posibilidades de mejorar de la situación. Desde luego, tiene en cuenta las deficiencias pero sabe que en muchas ocasiones puede superarlas.
Para educar hijos optimistas los padres deben tener en cuenta:
- Propiciar un ambiente de alegría
- Conocer los puntos fuertes de sus hijos y estimularlos de acuerdo con sus capacidades y cualidades.
- Mostrarles su amor pero no intentando protegerlos demasiado de los fracasos o disgustos que puedan tener.
- Enseñarles a reconocer lo que es importante y lo que no lo es.
- Mostrarles continuamente cómo se puede sacar algo positivo de la vida corriente.