Por: Mario Alberto Zapata V.
mzapatav@une.net.co
Cerca de 1.773 millones de personas, lo cual corresponde al 27% del total de la población mundial, está compuesta por adolescentes y jóvenes y una importante porción de los mismos, experimentan alguna vez en el consumo de drogas. Afortunadamente, la mayoría de ellos suspenden rápidamente su consumo, pero algunos, tienen el riesgo de mantener un uso ocasional o por recreación y en el peor de los casos, otros pueden convertirse en consumidores habituales y llegar a una indeseable situación de dependencia física y psicológica.
No hay una causa única que permita concluir sobre las razones que llevan a la población joven al consumo de drogas. Expertos han sugerido, algunas situaciones de riesgo por las cuales esta población, toma la decisión de experimentar con drogas y en algunos casos, recorrer la frontera de la experimentación y caer en situación de uso regular y riesgoso de sustancias psicoactivas.
¿Y porque los adolescentes, pueden experimentar en el uso de drogas?... Ello puede ser consecuencia de la facilidad para el acceso a las mismas, efecto inmediato de la flexibilidad normativa para restringir el tema; el uso de drogas, puede ser erróneamente percibido, como una manera rápida y a menudo poco costosa para la diversión; pueden los muchachos, ser movidos por la curiosidad de descubrir, la razón por la cual este tema produce rechazo y alarma en la sociedad; el uso de sustancias, puede expresar la oposición a los esquemas de autoridad y normativos de la sociedad y puede ser parte, del inicio del proceso de separación e independencia de los padres; puede simbolizar además, una transición en el desarrollo de un estado de menor a mayor madurez.
¿Y luego de la experimentación, porque nuestros jóvenes pueden continuar con el uso riesgoso de sustancias?... Esta situación puede ser debida a un mecanismo para enfrentar situaciones de rechazo, conflicto, disfunción familiar o abuso sexual. El uso de drogas, puede responder a la necesidad de enfrentar y aliviar síntomas de trastornos mentales que los pueden estar afectando o a la necesidad de ser aceptado por grupos o círculos sociales en los cuales el consumo de drogas puede ser considerado como signo de madurez y autonomía. Finalmente, la equivocada percepción de nuestros muchachos, de tener poco o ningún riesgo en el consumo de drogas y la sensación de omnipotencia e inmortalidad que se puede tener en esta etapa de la vida, puede llevarlos a buscar y mantener este equivocado y peligroso camino.
Algunos estudios han señalado, que en promedio el 20% de los casos atendidos en servicios de urgencias son debidos a lesiones en las que se documentó consumo previo de alcohol, y la edad pico de los atendidos por estas lesiones, corresponde a la población juvenil. Otras repercusiones del consumo riesgoso de alcohol y drogas en la población juvenil son: relaciones sexuales no planificadas con riesgo de contraer SIDA o embarazos no deseados, problemas legales derivados de comportamientos agresivos y/o delictivos, intentos de suicidio y bajo rendimiento académico.
El diagnóstico anterior, obliga a la sociedad a redoblar esfuerzos en el tema. Los responsables públicos deben reconocer y trabajar los diferentes factores, que pueden influir en el estado de salud de la población juvenil, dada la relevancia que esto tiene para el desarrollo presente y futuro del mundo. A los jóvenes, les debemos garantizar la apertura de espacios en la sociedad y muy especialmente, en aquellos en los cuales se decida sobre su actuación y sobre su futuro; se deben implementar políticas y acciones que procuren por espacios para su recreación, para el ejercicio del deporte y la cultura, se debe favorecer y no entorpecer su acceso a la educación y lo primordial se debe asegurar un ambiente familiar que sea propicio para su desarrollo.
Los jóvenes son el presente, son el futuro, se convierten en la estrategia más importante de la sociedad para la supervivencia del mundo. Por tal razón, ninguna actuación es suficiente para cuidar
a los jóvenes: el capital más valioso de la sociedad.
Artículo autorizado por el autor, publicado en el periódico El Mundo, el 28 de septiembre de 2007.