Hace algún tiempo Micaela debía buscar al Hada de la Obediencia, porque sus padres le pidieron que le preguntara cuál era su secreto. Para llegar hasta ella tuvo que atravesar varias pruebas una de ellas consistía en hacerse pequeña para atravesar la puerta de la humildad. (Si quieres ver este cuento completo te invitamos a leerlo en EnCuentos.com)
Así es la obediencia una actitud que se expresa en la vida cotidiana como una expresión de un equilibrio interno. Obedecer es, para muchos, un acto denigrante que resta libertad, pero, en realidad es un valor que, aunque cuesta, ayuda a crecer y para ello se requiere humildad y disciplina.
Si desde pequeños no se educa en la obediencia nunca se entenderá por que es importante respetar las normas establecidas en la sociedad, porque se debe recibir las sugerencias de los mayores o porque no se tiene siempre la razón.
A partir de los cinco años, la exigencia directa debe combinarse con el razonamiento, para que el niño cumpla porque vea que es bueno cumplir.
¿Qué es la obediencia?
“Es un valor que lleva a aceptar y vivir tanto las indicaciones recibidas explícitamente, como las normas establecidas por la autoridad correspondiente” explica Regino Navarro Rivera en su libro Trabajar bien, vivir mejor.
Obedecer es cumplir con esmero lo que pide una autoridad legítima, aunque no se comprenda o no se sienta el deseo de realizar algo. Como todos los valores, aprender a ser obediente es un proceso que los padres tienen el deber de enseñar a sus hijos desde la más temprana edad.
¿Por qué desobedece el niño?
- En la mayoría de los casos el niño desobedece simplemente para probar su voluntad frente a la nuestra. ¿Hasta donde resiste nuestra autoridad? ¿quién es más tenaz?
- n otros casos el niño únicamente reclama atención. Esto no significa que esté falto de ella, en principio, pero quizá tenga unas necesidades afectivas mayores de lo habitual y reclama un "plus" llamando nuestra atención.
- Otra causa puede ser nuestra propia incapacidad, mandamos mal:
- ¿somos coherentes entre lo que pedimos y hacemos?
- Debemos cuestionar si nuestras órdenes responden a la lógica o si, por el contrario, son arbitrarias y no logran más que confundir al niño. Ayer le exigimos que terminara la sopa, pero hoy por culpa de la prisa le arrebatamos el plato para que acabe de una vez.
- Debemos examinar con sinceridad si papá y mamá coinciden en lo que le van a pedir al niño.
¿Cómo educar en la obediencia?
La obediencia no es anulación de la personalidad, ni el sometimiento ciego de la voluntad. Para que la obediencia sea realmente virtud, debe apoyarse en el reconocimiento de la autoridad. Si el niño percibe en ella un deseo de hacer bien las cosas, de conseguir lo mejor para él y es algo que puede razonar con su nivel de entendimiento, tenderá a querer cumplir lo que se le manda, aunque luego su voluntad haya que reforzarla.
“El ejemplo es lo más importante para educar a un hijo siempre. La educación se da, sobre todo, antes de los cinco años. Yo no utilicé reprensiones físicas cuando no obedecían, sino que sobre todo el diálogo y estar al pie de ellos” cuenta Maria Beatriz García madre de dos hijos ahora universitarios.
Estos son algunos consejos que puede tener en cuenta para educar en la obediencia:
- Nuestra órdenes han de ser concretas: pequeñas cosas que el sepa hacer, que vemos claramente si las hizo, y que se apoyen entre sí para poner las bases de un hábito. Planteémonos, por ejemplo, si nuestro objetivo es enseñar al niño el orden. En tal caso le exigiremos que recoja su habitación, que deje el plato en la cocina, entre otras.
- Evitar que el cansancio o humor se relacione con el nivel de exigencia hacia el niño. Las órdenes arbitrarias le confunden e impiden que aprendan realmente a obedecer.
- Hacer cumplir las normas establecidas en la casa y dialogar cuando no se efectúen a cabalidad.
- Analizar con los hijos las normas establecidas ayuda a generar conciencia acerca del por qué es importante cumplirlas dentro de una sociedad.
- Enseñar quienes son autoridades legítimas para el niño para que puedan reconocer a quienes debe obedecer.
- La obediencia también se fortalece con convicción de cumplir con las responsabilidades aunque nadie lo esté viendo.
- Depositar la confianza en los hijos, y que ellos lo sepan, es permitir que cumplan con sus deberes a la vez que crece su autoestima y su autodisciplina.
- No ahorrar alabanzas y elogios para premiar la obediencia, procurando hacerlo inmediatamente después del acto realizado por el niño.
- No quemar la autoridad y las fuerzas. Más vale ordenar poco y bien que mucho, sin coherencia ni eficacia