Los padres son conscientes que la vida requiere esfuerzo, lucha, sacrificio, superación y fuerza de voluntad diariamente. Sin embargo, caen en la tentación de creer que parte de su labor con los hijos consiste en evitarles dificultades y sustraerlos del dolor.
Con la mejor intención se actúa, algunas veces, de modo contraproducente para el hijo; proporcionándole una vida fácil y cómoda, y no exigiéndole en lo mínimo. Todo esto acabará perjudicándole pues han de ser ellos, no sus padres quienes tendrán que superar las dificultades futuras con sus propias energías y capacidades.
Es bueno marcar objetivos para cada hijo. Cuando son pequeños hay que acompañar sus batallas, guiando sus esfuerzos y motivándolos. Si no aprenden el auténtico sentido de cada esfuerzo acabaran por pensar que la vida esforzada no vale la pena.
Si se quiere que desde pequeños ganen en fuerza de voluntad hay que ayudarles día a día a adquirir capacidades para superarse y enfrentarse a la vida. Si no lo consiguen caen en la mediocridad, el desorden y la dejadez. Con razón han llamado a la fuerza de voluntad la facultad de la victoria.
Se hacen hijos flojos cuando:
- Se sobreprotegen por miedo a que le hagan daño y sufra
- Se acepta su mediocridad
- No se les exige que terminen lo que han empezado
- Se les permiten que abandonen demasiado pronto las cosas que inciaron
Se les ayuda a fomentar la capacidad de esfuerzo cuando:
- Se da ejemplo de espíritu de superación y esfuerzo
- Se dan motivos valiosos para vencer sus caprichos
- Se plantean metas concretas a corto plazo
- Se deja que fracasen, pues puede ser más eficaz que el éxito
- Si desde pequeños los acostumbramos a hacer en cada momento lo que deben y no lo que apetecen
- Tener un horario de levantada, acostada, estudio, comidas, juego
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