Dentro de la educación de los valores el orden representa un aspecto prioritario ya que sirve de fundamento para la adquisición de otros como la justicia, la fortaleza la responsabilidad, etc.
El orden, en su acción directa, nos ayuda a disponer de más tiempo, a ser más eficaces, a aumentar el rendimiento y a conseguir los objetivos previstos, a la vez que proporciona estabilidad y nos evita disgustos y contratiempos.
Este valor desde los primeros años de vida se puede empezar a educar a través de la repetición continua de actos, hasta convertirlo en hábito. Desde bebés se puede vivir el orden en los horarios de baño, sueño y comidas. Más adelante se puede jugar con el niño a poner las cosas en su sitio: juguetes, ropa, zapatos. Así el niño irá aprendiendo que cada cosa tiene su lugar e irá desarrollando un orden lógico de las situaciones de la vida cotidiana.
Hasta los seis años es importante centrarse en el orden material como hábito, con éste aprenderá a ordenar las ideas en su cabeza y lo estamos preparando a futuro para que aprenda a organizarse y a ser más eficaz en su trabajo.
Si al niño desde pequeño no se le enseña a ordenar las cosas, cuando crezca posiblemente tendrá dificultades al presentar un informe estructurado o incluso para establecer prioridades a nivel personal.
El orden antes de los 6 años
A esta corta edad ya se está capacitado para vivir y disfrutar el orden. Es un proceso que aprende con gran facilidad siempre que se le enseñe de forma metódica y repetitivamente.
Cuando un niño se acostumbra a tener sus juguetes ordenados en el mismo sitio, lo hará como un juego y encontrará satisfacción en hacerlo.
Para los pequeños es muy importante las cadenas de sucesos constantes y sistemáticas. Por ejemplo, antes de acostarse:
- Ponerse la piyama
- Colocar la ropa sucia en el cesto
- Ir al baño
- Lavarse los dientes
- Despedirse de los padres
- Acostarse.
Este tipo de rutina proporciona seguridad al niño y disminuye el riesgo de olvido. Otro aspecto a tener en cuenta es que se disponga de un mueble o cajón a su alcance donde pueda guardar los juguetes. De este modo se acostumbra a que cada cosa tiene su sitio.
El orden de los 7 – 12 años
A esta edad el sistema de ordenar pasa de lo mecánico a lo razonado. El niño ya puede establecer sus propios criterios para el sitio y la manera de ubicar las cosas.
El orden debe extenderse a su propia vida de forma rítmica, y esto le ayudará simultáneamente en el desarrollo de su inteligencia y voluntad: hora para hacer las tareas, hora para jugar, hora para ver televisión, hora de acostada y levantada, horario de comidas y orden en el aseo personal: arreglo y necesidades fisiológicas.
Es muy práctico elaborar un horario en forma conjunta con el hijo y colocarlo en un sitio visible para que poco a poco vaya adquiriendo responsabilidad de sus actos sin necesidad de recordárselos permanentemente. Adicionalmente se le está desarrollando la capacidad de relacionar el tiempo con las actividades y se le está ayudando a planificar y prever, en consecuencia cada vez serán más ordenados.
En muchos colegios les enseñan a utilizar la agenda escolar donde anotan tareas, encargos, cumpleaños, citas, eventos, etc. Si la llevan adecuadamente y la consultan varias veces en el día se está ganando en organización personal.
Definitivamente lograr esta virtud antes de entrar en la adolescencia proporciona la base para adquirir otros valores necesarios en la etapa que se avecina.
Para tener en cuenta
Saber organizarse es algo que se aprende desde pequeño, por ello es importante involucrar a los niños en actividades de orden de sus padres como: ordenar la biblioteca, ordenar el escritorio, limpiar y ordenar la cocina, etc. Además hay que tener paciencia cuando los hijos están intentando ser organizados y dejan las cosa a medio hacer, no se pueden esperar resultados milagrosos.