Cuando una niña arrulla a su muñeca, un niño salta varias veces del mismo escalón o un grupo de pequeños se concentran en cazar al monstruo imaginario, están realizando las actividades más serias e importantes para su formación. El juego constituye una vía mediante la cual el niño ensaya la forma de actuar en el mundo y apropiarse de éste por medio de un universo lleno de fantasías. Con estas prácticas propias de la infancia, se desarrollan sus capacidades físicas, cognitivas y sociales.
Además, gracias al juego, afianza elementos fundamentales para la vida como aprender a compartir, ganar, perder, socializarse, respetar, conocer límites, asimilar la realidad, a soñar y mucho más. Con los juegos reflejan la percepción que tienen de sí mismos, de los demás y la manera como entienden lo que los rodea.
La importancia del juego está en el juego mismo, no en el aprendizaje. Pero inconscientemente los niños emplean en sus juegos todos los conocimientos que han adquirido y con ellos aprenden a resolver las situaciones que viven diariamente, por ejemplo “un compañerito lo empuja o le pega y quizás en ese momento no le dijo nada y se quedó callado"; si esto lo recrea en el juego él puede modificar su actitud y en su diálogo “fantasioso” le dirá porqué me empujas, eso no se hace, no me gusta, o no está bien. Así cuando probablemente se presente esta situación sabrá como solucionarla” explica Adriana Durán en una entrevista dada a Teletica.com.