
Frecuentemente el término hiperactividad es utilizado como un calificativo ofensivo que se asocia con niños malcriados, desordenados, traviesos o con problemas de conducta. Sin embargo, ésta no es la expresión apropiada para hablar de niños desatentos o muy activos, pues la hiperactividad como trastorno neurológico no es un estado temporal de la infancia o un fracaso de los padres por controlar o educar de manera incorrecta al niño, ni mucho menos, es por malicia propia.
En realidad cuando se habla de hiperactividad se hace referencia a lo que la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) denomina como “Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH). Este afecta directamente el desarrollo del autocontrol y de la voluntad, abarca problemas de atención, impulsividad y niveles altos de actividad motriz.
Este trastorno se presenta fundamentalmente en dos aspectos: déficit de atención y la hiperactividad-impulsividad.
Cabe aclarar que no todos los niños con dificultades de atención, impulsivos o con altos niveles de actividad motriz son hiperactivos, en algunos pueden ser características propias de la personalidad que se acentúan durante la infancia y van menguando con los años. Igualmente, existen diferentes niveles de gravedad en cuanto a este trastorno se refiere.
Pero los niños que presentan el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) padecen de una alteración que debe ser detectada y tratada en edades tempranas para que pueda disminuir con los años.
En los primeros años de la infancia el déficit de atención no se revela fácilmente, pues su comportamiento se centra en la hiper-actividad motriz y la impulsividad. En edades preescolares, los niños hiperactivos empiezan a destacarse por su inquietud, por su falta de autonomía, el desacato a las normas o por sus conductas intranquilas que imposibilitan el cumplimiento de actividades.
“Es al inicio de la educación primaria, cuando la permanencia de estos síntomas, unidos a un rendimiento, por lo general por debajo de sus posibilidades, empieza a preocupar” dice Isabel Orjales, en su libro “Déficit de Atención con Hiperactividad. Manual para padres y educadores” y más adelante agrega: “todos los hiperactivos deben enfrentarse a un mayor número de fracasos que otros niños sin este trastorno: cometen más errores, les cuesta más seguir la clase, organizarse, controlar sus rabietas…”
Más frecuente en los niños que en las niñas
“Se estima que de un 3% a un 5% de los niños menores de 10 años padecen Déficit de Atención con Hiperactividad” dice el libro de Orjales, y de este porcentaje sólo 1 de cada 10 casos es en niñas.
Isabel Orjales dice “En mi experiencia clínica he observado que en las niñas hiperactivas aparecen más frecuentes comportamientos como: la ansiedad desmedida, intentos de controlar el fracaso dedicando más horas de estudio, comportamientos de tipo obsesivo e hipercontrolado (como por ejemplo, pedir que se le pregunte la lección ocho veces para preparar un examen…), y un exagerado celo en el cumplimiento de las normas (hiperadaptación a las normas)”.
Claro está que no son comportamientos exclusivos de un sexo ni todas las niñas que presentan estas características son hiperactivas “pero si son estrategias que a menudo utilizan las niñas con problemas de atención para intentar adaptarse a las exigencias del entorno” explica Orjales.
Para tener en cuenta:
- Delimite normas. No es productivo decir: “debes organizar tu cuarto”. Es importante definir la acción: “Un cuarto organizado es cuando la cama está tendida, la ropa está en su sitio y los juguetes en el armario”.
- Sea constante con la aplicación de las normas, no se desautorice ni levante la voz o utilice actitudes violentas para hacer valer su palabra.
- Sea previsivo ante situaciones que pueden alterar al niño.
- Cree buenos hábitos de estudio, establezca una rutina de trabajo, acondicione los espacios, entrenarlo para que aprenda a trabajar solo, premiar el ser capaz, preparar la mochila para el día siguiente…
- Básese en un sistema de estímulos y castigos. Sin que los premios se conviertan en chantajes ni los castigos en torturas.
- Sea creativo en el trato y enseñanza. La rutina hace que la concentración sea menor. Las competencias y los juegos que tienen premios son más motivadores.
ORJALES, Isabel. “Déficit de Atención con Hiperactividad. Manual para padres y educadores”. Séptima edición. Ed. IMPRESA. Madrid, España. 1998.