Entre los 7 y los 12 años el hecho de ser niña se relaciona con la apariencia física y la ropa. Se miran continuamente al espejo preguntándose si son lindas o feas, muy gordas o muy flacas. Es el momento en que los padres debemos ayudarlas a querer y respetar su cuerpo y a entender el ser femenino en toda su grandeza.
Muchos son los encargos de una madre durante la educación de los hijos, pero hay uno en el que puede ejercer mayor influencia y es como modelo de feminidad.
Algunos rasgos propiamente femeninos
- La coquetería y la ilusión por agradar
Es un rasgo marcado, una herramienta que utilizan para sentirse lindas y agradables. Esta característica bien orientada les ayuda a madurar y a crecer como personas y debe ser encauzada en el transcurso de los años para evitar una actitud que podría llevarlas a ser extremadamente coquetas o llegar a ser presumidas.
Es tarea puntual de la mamá lograr a través del tacto, la comprensión y la exigencia cariñosa, corregir los excesos y orientar las ganas de agradar hacia detalles muy propios de una dama.
En relación a la moda aclarar dos aspectos importantes: primero, lucir bien es una preocupación objetiva por los demás que se alegran viéndonos bien. Segundo, nuestro cuerpo merece respeto y por lo tanto no debe transformarse a través de la ropa en una mercancía de atracción pública.
Es una oportunidad de estrechar vínculos madre-hija si ambas se acostumbran a consultar y elegir la combinación de la ropa, el perfume, el pintauñas a usar, enseñarle a sentarse bien a evitar la brusquedad y muchos otros detalles de feminidad.
Entre los 7 y 12 años se inicia la afinación de este rasgo de una manera intuitiva y se va convirtiendo en una virtud muy femenina que marca la diferencia con los niños. Esta se manifiesta en su sentido del gusto, la inclinación por lo armónico y lo bello. Por ejemplo: mirar cada ambiente con sentido estético y afán de modificarlo, acoger con especial dedicación y cariño a la gente, lograr de las personas lo mejor de sí mismas a través de un trato dulce y amable. La misión de los padres será ayudarle a descubrir y valorar ese tesoro, a desarrollarlo y enriquecerlo; a situar, en definitiva, la feminidad en su justo punto y a descubrir sus capacidades expresivas.
Para tener en cuenta:
Actualmente las niñas reciben un trato igual al de los chicos y esto puede crear confusión sobre la forma y estilo en que han de comportarse de acuerdo a su carácter de mujer. De ahí surge el gran desafio de ayudar a reforzar su identidad femenina.