En el camino de la educación, los padres se cruzan con diferentes preguntas sobre la relación con sus hijos. Temores y ansiedades que se derivan por no saber a ciencia cierta hasta dónde va el limite de ser padres. El conocimiento de estos límites, diferentes en cada caso, permiten el libre desarrollo personalidad de los hijos. A Continuación una bella reflexión de un autor anónimo que habla de este tema.
Te di la vida, pero no puedo vivirla por ti.
Puedo enseñarte muchas cosas, pero no puedo obligarte a aprender.
Puedo dirigirte, pero no responsabilizarme por lo que haces.
Puedo instruirte en lo malo y lo bueno, pero no puedo decidir por ti.
Puedo darte amor, pero no puedo forzarte a hacerlo.
Puedo hablarte del respeto, pero no puedo exigirte que seas respetuoso.
Puedo aconsejarte sobre las buenas amistades, pero no puedo escogértelas.
Puedo hablarte acerca de la vida, pero no puedo edificarte una reputación.
Puedo exhortarte a la necesidad de tener metas altas, pero no puedo alcanzarlas por ti.
Puedo decirte que el licor no es bueno, pero no puedo decidir, no por ti.
Puedo advertirte de las drogas, pero no puedo evitar que las uses.
Puedo enseñarte acerca de la bondad, pero no puedo obligarte a ser bondadoso.
Puedo amonestarte por tus errores, pero no puedo hacerte una persona moral.
Puedo explicarte como vivir, pero no puedo darte la vida eterna.
Puedes estar seguro de que me esforzaré hasta el máximo por darte lo mejor de mí.
Porque ¡Te quiero!
Pero lo que hagas de tu vida dependerá de ti… Aún cuando siempre esté junto a ti, las decisiones las tomarás tú. Sólo le pido a la vida para que tomes las correctas.
Autor anónimo