La autoridad es una necesidad educativa para la mejora personal del educando. No ha de confundirse autoridad con autoritarismo. La dictadura familiar requiere poco talento, pero es mala estrategia. Ser autoritario no otorga autoridad.
Hay padres que, por afanes de libertad mal entendida, no educan; y otros, que por afanes pedagógicos desmedidos, no respetan la libertad. Ninguna de las anteriores situaciones permite corregir a un adolescente. Este posee una considerable visión crítica de lo que le rodea. Eso no tiene por qué ser forzosamente malo. Pero habría que establecer unas reglas de juego para que la crítica en la familia sea positiva.
En muchos casos, el éxito de la autoridad ante el chico o la chica en esta edad está más en cómo se manda que en lo que se manda. El modo de mandar es lo que hace que valore esa autoridad de los padres, más que la importancia de lo que dicen.
Algunos aspectos a tener en cuenta son los siguientes
- La persona que corrige debe estar capacitada para elogiar lo bueno de los demás.
- Lo que mandemos ha de ser razonable. Y si es posible, que también lo parezca.
- Ha de corregirse con cariño, sin precipitaciones y sin apasionamiento.
- No multiplicar las órdenes o prohibiciones. Y más aún si se tratara de exigencias casi imposibles de cumplir.
- Tampoco debe darse la corrección sin antes hacer exámen sobre la propia responsabilidad en lo que se va a corregir.
- No debe hacerse promesa que no se pueda cumplir, ni amenaza que no se quiera ejecutar.
- corregir sobre rumores, suposiciones o sospechas puede convertirse en una injusticia.
- Evitar que los agravios y los enfados se queden dentro de los corazones.
- Cuando se le etiqueta de tener un determinado defecto, acabará por pensar que es algo tan arraigado en él que es inútil luchar por corregirlo.
- Saber elegir el momento oportuno, cuanto antes mejor.
- Cuando se lleva a cabo la corrección ha de ser cara a cara, a la persona interesada y en privado.
- Apoyarse en ese sentimiento natural que tiene de agradar y de ser útil, de sentirse valorado.
- Procurar estar tranquilos los dos para hablar y escuchar.
- La corrección debe ser corta y concreta, no generalizada.
- No abusar de la palabra, evitar las exageraciones y los superlativos.
- Buscar unas circunstancias que no humillen.
- Si uno de los dos está muy afectado, mejor esperar un poco.
- Ponerse en su lugar.
- Callar cuando sea necesario.
- Dejarle una salida airosa.
- Evitar la crítica destructiva.
- Saber intercalar unas palabras de afecto que alejen cualquier impresión de que se corrige por disgusto personal.
- Mostrar la convicción de que va a mejorar y corregir la conducta inadecuada.
Amistad y autoridad
Es natural que jóvenes y adultos vean las cosas de distinto modo. Lo extraño sería que pensaran de idéntica manera. La amistad entre padres e hijos se puede armonizar perfectamente con la autoridad.