Todas los matrimonios comienzan su relación con amor e ilusión, pero el tiempo va dejando huella y la relación se convierte en rutina y de la costumbre fácilmente se cae en la indiferencia.
Cuando esto sucede se empieza a sentir decepción del cónyuge, y comienzan las dudas sobre los sentimientos acerca de la pareja. La monotonía disminuye el interés hacia el otro, produce apatía, aburrimiento y deseo de escapar.
Generalmente las parejas pasan por ciclos y no es difícil que en alguno de ellos uno de estos enemigos se apodere de ellas. Cuando llegan los hijos, el ser padres conlleva a veces dedicarle menos tiempo a la relación conyugal, se pueden empezar a descuidar los detalles y el interés por el otro, inclusive, ignorarlo.
¡Alerta con éstos síntomas!
- Se pierde la conciencia de que somos esposos: cada quien empieza a andar por su cuenta
- La conversación se convierte en disputa, cada uno defiende su punto de vista
- No preocupa lo que yo pueda hacer por el otro
- Las responsabilidades del hogar cada vez se sienten más pesadas
- No hay disponibilidad de escucha
- No hay voluntad de resolver problemas
- Se juzga al otro con dureza
¿Qué está sucediendo?
- ¿Dejé de ser especial?
- ¿Ya no soy atractivo(a)?
- ¿Me ignoras?
- Hablo y ¿quién me escucha?
- No puedo mostrar mi afecto
- Me siento vacío(a)
Son muchos los ejemplos que podríamos enumerar para resaltar estos comportamientos. Lo importante es comprender que ninguna de las situaciones anteriores son adecuadas en una relación personal, ya que todo ser humano merece nuestro respeto y necesita el reconocimiento y el acompañamiento de los demás como ser familiar que es.
Ante estas conductas el esposo o esposa víctima quedan con la sensación de ser transparentes, no ser valorados, no tenérsele en cuenta, se ignoran sus sentimientos, sus ideas, sus necesidades.
¿Qué hacer?
- Fomentar la importancia de la persona , prestándole atención, dándole el puesto y la prioridad que tiene en su propia vida y en la de sus hijos, reconociéndole el honor y el valor que se merece.
- Poner en práctica este interés a través de los pequeños detalles diarios: un beso, una palabra de aliento, una invitación a cenar, unas vacaciones solos, unas flores.
- No olvidar que el cónyuge sabe que es amado por la manera en que se le trata, se le escucha, se le mira y sobre todo porque de verdad “ es importante para mí, lo que te pase”.
- Cada quien necesita empezar a olvidarse de sus intereses y fijarse en las necesidades e intereses del otro.
- Poner en práctica la creatividad de cada uno puede ser un gran recurso.