Comunicarse bien es un regalo que cada familia debe disfrutar porque mejora las relaciones y crea un clima de mutua confianza. Tener momentos para dialogar ahorra discusiones y malos entendidos. Conozca que tipo de comunicación emplea usted a la hora de comunicarse.
Una de las conductas básicas de las que está dotado el ser humano es la comunicación, gracias a este mecanismo natural de interacción, el hombre ha podido desarrollarse en mayor medida comparado con las demás especies de la tierra. La comunicación sienta las bases de las relaciones interpersonales, a través de ella podemos informar, hablar, expresar, aclarar, etc...
Cada persona tiene diferentes perspectivas de las situaciones, tiene sueños, ideas, logros, tristezas y alegrías. Pero no es posible conocerlas sino decide comunicarlas a los demás. Sin embargo, en la familia muchas veces no es necesario hablar para expresar lo que se siente. Con una actitud o simplemente con un gesto es posible percibir el estado en el cual se encuentra la otra persona. La comunicación es por tanto una cualidad muy utilizada y la única por medio de la cual interactuamos directamente con las demás personas.
Dentro de la familia las diferencias generacionales y las distintas personalidades pueden convertirse en obstáculos para mantener un clima de confianza, de fraternidad y de amor. Muchas veces una palabra en un mal momento o una expresión equivocada puede terminar por afectar profundamente las relaciones y provocar reacciones fuertes que no eran las esperadas.
Existen diferentes niveles de comunicación que varían de acuerdo con los actores de la comunicación, pero todos están enmarcados por valores y relaciones semejantes.
Comunicación en la pareja:
En los primeros años de convivencia de una pareja es muy común que ambos conyuges conozcan los deseos y las aspiraciones del otro, cuales son sus frustraciones y hasta los aspectos que incomodan al uno del otro. Ambas personas desean conocerse y saber más del otro, y para lograrlo propician momentos de diálogo.
Pero a medida que pasa el tiempo las conversaciones comienzan a girar en torno a temas rutinarios como los gastos de la casa o los problemas laborales. Y los coloquios profundos se van reduciendo hasta quedar sumidos en el “no tenemos tiempo”.
La comunicación profunda requiere dedicarle tiempo y un espacio. Regalarse momentos para preguntar cómo se siente el otro o comentar aquellos dolores profundos son los espacios que ahorran discusiones y malos entendidos más tarde.
Estas son algunas de las características de saber dialogar:
- Una vez abierto el diálogo cada persona debe ser sincera y contar hasta el fondo sus alegrías, dolores y preocupaciones. Si no es así, la otra persona puede comprender a medias y generarse luego situaciones más difíciles de tratar.
- Cuando algún comportamiento de la pareja molesta es mejor parar un momento y pensar qué fue exactamente lo que incomodó. Cuando tengas las ideas claras explícaselo a tu pareja. No guardes nada o acumularás una larga lista de rencores.
- Ponerse en el lugar del otro es fundamental. Cada persona entiende las cosas a su manera y no necesariamente deben pensar ambos igual, pero sí llegar a acuerdos comunes.
- Ser humildes, aceptar los errores y pedir perdón. De igual manera ayudar al otro(a) también a reconocer sus faltas.
- Escuchar a la pareja hasta el fondo. Si se empeña en contradecir lo que el otro dice o exigir que adopte otra posición, sólo se conseguirá el distanciamiento. Escuchar es siempre la mejor opción.
Comunicación con los hijos:
Los hijos necesitan ser escuchados abiertamente por los padres. En los primeros años ellos reclaman de sus padres tiempo para contarles sus aventuras, sus dolores y sus logros. Pero cuando crecen son los padres quienes buscan hablar con sus hijos, y conocer el mundo en el cual se desenvuelven.
Si desde pequeños se comparte continuamente con los hijos se asegura una mejor relación en la adolescencia. Esto genera confianza en los hijos para compartir sus experiencias y depende del ambiente comunicativo que exista en la familia.
El trato de los padres hacia los hijos también está condicionado por la manera como se corrige, se dan las órdenes o se felicita, dicho de otra manera, por la manera como se emplea la comunicación. Padres autoritarios, gritones, padres que generan sentimiento de culpa o padres que exageran el trato cariñoso, pueden ocasionar problemas a largo plazo.
Los padres autoritarios, por ejemplo, temen perder el control sobre sus hijos y utilizan órdenes, gritos, amenazas para obligar a los hijos a hacer algo. Toman muy poco en cuenta las necesidades del hijo y no propician espacios para el diálogo.
Otros padres, con intención o sin ella, hacen sentir a sus hijos que ellos son más listos y tienen mayor experiencia. Son los padres que hacen sentir culpa, utilizan lenguaje en negativo, subvalorando las acciones de los hijos. Utilizan expresiones como “ya te lo había dicho”, “eso te pasa por no escucharme”, “es imposible que seas ordenado”… Son frases aparentemente neutras que todos los padres utilizan, pero si se usan con frecuencia pueden ocasionar problemas en los hijos.
Padres que ven todo como hechos insignificantes no prestan la atención que merecen las situaciones que vive su hijo. “Tranquilo, eso se te va a pasar” o “no te preocupes tanto por ese pequeño examen…” Para comunicarse con los niños hay que ponerse a su altura, incluso físicamente y entender que en su mundo existen muchas cosas que les generan preocupación y deben ser atendidas como tales.