El sueño cumple una función que regula y repara el organismo, es esencial para controlar la energía y la temperatura del cuerpo. Recupera los procesos del cuerpo que se han desgastado durante el día; durante el sueño el bebé produce cantidades de hormonas que intervienen en el crecimiento.El sueño tiene una estrecha relación con la lactancia, la concentración de nutrientes de la leche materna varía a lo largo del día, esto le ayuda al niño a adquirir y consolidar el ritmo cardíaco de vigilia y sueño. El despertar nocturno disminuirá cuando deje de alimentarse de noche y tenga ciclos de sueño más largos.
El niño debe aprender rápidamente que la noche es para dormir, esto no es automático sino que se aprende, pero puede no hacerlo si las costumbres que se le imponen son irregulares o vagas.
El ciclo del sueño del bebé en los 3 primeros meses, está lleno de interrupciones porque sus ciclos son más cortos que los del adulto. El sueño tiene dos ciclos: uno activo en el que el cerebro permanece activo y es más corto, y otro tranquilo y profundo y es más largo. Está dividido en cuatro ciclos que se van profundizando progresivamente.
Todos los bebés pasan por ciclos de sueño superficial y profundo durante una misma noche. Cuando el bebé va creciendo los períodos de sueño superficial van disminuyendo y los de sueño profundo van aumentando. Algunos bebés necesitan dormir más que otros.
Una señal segura de sueño profundo y duradero son los brazos y las piernas relajadas del niño.
A los 4 meses el bebé ya puede dormir 3 ó 4 horas seguidas. Durante el sueño liviano el estado del bebé es semialerta, está propenso a despertarse. Hay que respetar esos intervalos y no interrumpirlos para que se conviertan en una costumbre.
Con la creación de las rutinas el bebé aprende a distinguir el día de la noche, el sueño de la vigilia. Si un bebé se acuesta siempre a la misma hora, empezará a sentir sueño un poco antes.
Cuando el niño es puesto en su cuna, llorar puede ser una forma de conciliar el sueño. Si percibe tranquilidad en las personas que lo rodean, tendrá más facilidad para dormir. La familiaridad del lugar donde el niño duerme y de los juguetes le ayuda a sentirse más seguro.
Hacer que el niño concilie el sueño es tarea difícil pero si se respeta su ritmo todo será más fácil. Un recién nacido tiene su propio modo de dormir y de despertarse, los padres deben crear el ambiente adecuado para que este ritmo se mantenga. Si el niño al despertarse no encuentra una respuesta inmediata, se verá obligado a encontrar su propia rutina para seguir durmiendo.
Desde recién nacido el niño debe aprender a quedarse dormido solo en la cuna, si está llorando se debe calmar antes de ponerlo en ella, pero colóquelo aún cuando esté despierto. Sin embargo, durante los primeros meses, es frecuente que necesite ayuda para quedarse dormido y para volver a dormirse después de despertar.