En los últimos años se han realizado muchas investigaciones sobre los efectos que puede tener el consumo de cafeína en las mujeres en embarazo y en el niño próximo a nacer; sin que todavía se haya llegado a un acuerdo general. Este es un tema que se presta para muchas controversias. Los especialistas subrayan la necesidad de estudios más rigurosos, ya que los resultados de unas investigaciones se contradicen con los de otras, esto se puede concluir después de leer una investigación publicada en la revista de Obstetricia y Ginecología de Estados Unidos y otros estudios realizados por ginecólogos de Asturias, España.
La cafeína es un estimulante producido naturalmente por una variedad de plantas. La cafeína natural o sintética se encuentra en muchos alimentos y bebidas y hasta en algunos medicamentos y entra al sistema nervioso central a los 15 minutos de haberla ingerido. Se sabe, dice el ginecobstetra Juan Carlos Cadavid, de la Universidad de Antioquia de Medellín, que la cafeína se descompone más lentamente en la mujer embarazada y es capaz de atravesar la placenta y llegar al feto pero para éste último es muy difícil asimilarla porque su sistema metabólico aún no está muy desarrollado.
Para precisar los estudios se ha intentado establecer si es la cafeína como tal o es la cantidad que se consume, la responsable de poner el embarazo en riesgo. “Esta sustancia se asocia a vasoconstricciones en las arterias del útero que pueden causar problemas en el desarrollo embrionario” según lo afirma, un epidemiólogo reproductivo.
La cafeína puede tener efectos negativos sobre otros aspectos del embarazo, influir en el desarrollo celular del niño y disminuir el flujo sanguíneo que le llega al bebé, aumentar el riesgo de que nazca prematuro y con bajo peso e influir en su desarrollo neurológico. Este componente puede estar asociado a trastornos de sueño y depresión y puede predisponer al desarrollo de estos problemas en algunas personas, tanto niños como adultos.
Incluso algunos investigadores han llegado a decir que dicha sustancia también disminuye la posibilidad de que las mujeres puedan quedar en embarazo y cause irritabilidad en las madres que amamantan a sus hijos. “Sin embargo no se ha encontrado que la cafeína represente un papel perceptible en la hiperactividad de los niños ni en los problemas de concentración. En niños sensibles puede producir efectos pasajeros como nerviosismo, irritabilidad o ansiedad”, dice el doctor Cadavid.
Sin embargo, la mejor medida de aseguramiento es la prudencia, dice Beatriz Elena Martínez, quien tiene dos hijos y espera el tercero. Según ella, desde hace 30 años se recomienda a las mujeres embarazadas no abusar del café ni del té, llevar una vida saludable en todos los sentidos, hacer ejercicio, comer frutas y verduras, disminuir el consumo de harinas y azúcares; se podría decir que las recomendaciones para las mujeres embarazadas son claras: “llevar la misma vida que antes del embarazo, pero sin excesos”.
Por su parte, la psicóloga María Patricia Restrepo, de la Universidad Antonio Nariño de Bogotá, al respecto afirma que cuando un niño presenta problemas en su comportamiento es importante recordar todos los momentos del embarazo, los acontecimientos positivos y negativos. “La mamá debe saber que entre ella y el bebé que se desarrolló en su vientre hubo una estrecha relación, que el niño absorbió como una esponja lo negativo y lo positivo y lo registra en su inconsciente; por eso todos los meses de gestación son importantes”.
Hay muchos acontecimientos que marcan el desarrollo de un niño: las caídas, los miedos, las angustias, la muerte de un ser querido, las peleas entre los padres, la violencia, los conflictos, la guerra, los problemas económicos, y que no sólo se trata de lo que la madre ingiera o consuma sino del ambiente familiar y afectivo en que es concebido el niño, también influye la herencia paterna y materna, como le son enseñadas las normas y la forma en que el niño establezca sus relaciones sociales. El ser humano es un ser integral y para tratar de comprenderlo es necesario abordarlo desde el aspecto biológico, psicológico, social y espiritual, limitarnos a un único aspecto sería tener un ser humano fragmentado y dividido.